En pleno centro de la ciudad de Buenos Aires existe un lugar que propone algo cada vez más raro: frenar. Posdata Café Postal no es solo una cafetería, es una invitación a desacelerar, a reencontrarse con el tiempo propio y con otros a través de un gesto casi olvidado: escribir una carta.
“Entrar a Posdata Café Postal es entrar a una estación postal, donde el tiempo se detiene”, resume Carolina Badrone, su creadora. La propuesta combina café de especialidad, gastronomía casera y una unidad postal oficial del Correo Argentino, desde donde se pueden enviar cartas y postales a cualquier punto del país y del mundo.
Para Carolina, Posdata Café Postal no es un negocio más. Es, como ella misma lo define, “mi alma en un lugar”. Cada rincón del espacio está atravesado por su historia personal y familiar: un abuelo ferroviario, un padre ferroviario y una infancia marcada por estaciones de tren, sobres, sellos y correspondencia.
“Yo crecí entre cartas, trenes y estaciones. El correo y los ferrocarriles siempre fueron parte de mi historia”, cuenta. Esa herencia se tradujo en una decisión clara: trabajar con el Correo Argentino como aliado principal. No por una cuestión operativa, sino simbólica.
“El correo de bandera fue clave para unir al país, igual que los trenes. Había algo de eso que sentía que no podía perderse”, explica. Posdata Café Postal recupera ese espíritu y lo resignifica en un presente dominado por lo digital y lo inmediato.
La idea de Posdata Café Postal surge también como respuesta a un cansancio compartido. El cansancio de la hiperconectividad, de los mensajes instantáneos, de la obligación de responder todo y todo el tiempo.
“Vivimos en un mundo donde todo es urgente, todo es inmediato. Yo quería crear un espacio donde pase lo contrario”, dice Carolina. Frente a eso, la propuesta es simple pero profunda: crear encuentros reales y vínculos sostenibles.
Escribir una carta implica elegir el papel, tomarse el tiempo, pensar al destinatario, equivocarse, corregir, cerrar el sobre. “En una carta viaja el alma de la persona”, afirma. Algo que ningún mensaje digital puede reemplazar.
Convertir esta idea en una cafetería también fue una decisión pensada. Posdata Café Postal está ubicado en un barrio tradicional y propone un equilibrio entre lo nuevo y lo conocido. Conviven el café de especialidad con una carta clásica: café con leche, cortado, pero también flat white o iced latte.
“Quería que fuera un lugar donde alguien pudiera venir todos los días, no algo lejano o inaccesible”, explica Carolina. La gastronomía acompaña esa lógica: todo es casero y remite a la idea de hogar.
Las mermeladas hechas por su familia, la vajilla artesanal producida por emprendedoras y los detalles cuidadosamente elegidos refuerzan esa sensación de cercanía. “Cada objeto tiene una historia. Nada está puesto al azar”, asegura.
Posdata Café Postal abrió sus puertas un 10 de noviembre, Día de la Tradición Argentina. Desde entonces, Carolina reconoce que la realidad superó cualquier expectativa.
“Nunca imaginé todo lo que iba a pasar acá adentro”, confiesa. Todos los días se encuentra con historias que confirman que la propuesta conecta con algo profundo.
Hay abuelas escribiendo cartas con sus nietos, amistades de décadas celebrando aniversarios, parejas que eligen el lugar para una cita especial. También trabajadores del correo que se emocionan al ver una estafeta viva, turistas que envían postales desde Buenos Aires y personas que dejan cartas para destinatarios desconocidos.
“A veces la gente entra por un café y termina viviendo algo mucho más grande”, cuenta Carolina.
Aunque cada historia es distinta, hay algo que se repite: las personas no se van igual que como entraron. Hay una sensación de alegría, de agradecimiento, de haber vivido algo significativo.
“Acá no atendemos clientes, recibimos personas”, dice Carolina. Por eso, en Posdata Café Postal cada visitante es tratado con tiempo y atención.
El ritual es simple: elegir una carta o una postal, sentarse con un café, escribir sin apuro, lacrar el sobre y decidir si esa carta se guarda, se entrega en mano o se envía al mundo. Un gesto pequeño, pero cargado de sentido.
Si Posdata Café Postal fuera una carta, Carolina dice que estaría dirigida a los niños y a todas las personas que buscan volver a encontrarse consigo mismas. También, en algún punto, sería una carta para ella misma.
“Es un recordatorio de animarse, de confiar en lo que uno siente, incluso cuando da miedo”, reflexiona.
Posdata Café Postal no propone nostalgia por el pasado, sino una forma distinta de habitar el presente. Un espacio donde escribir, esperar y compartir vuelve a tener valor. Y donde, por un momento, el tiempo decide ir un poco más despacio.