Los “SÍ” y los “NO” de la fotografía culinaria

Jueves 19 de Julio de 2018

Los invito a realizar un ejercicio práctico: ingresen a su cuenta de Instagram y rastreen algunas de las publicaciones del último fin de semana. Entre el azaroso aluvión de imágenes, ¿cuántas fotos remiten a platos de comida? Muchas, ¿verdad? Ahora bien, ¿cuántas de ellas lucen realmente apetitosas? Apuesto que muy pocas.

En la era digital, la tiranía de la inmediatez atenta contra la fotografía culinaria. En nuestro afán por compartir un instante, en la mayoría de los casos, no hay filtro de Instagram que pueda salvarnos. Por esta razón, aprovechamos para conversar con el fotógrafo especializado en gastronomía Caio Goldín, quien nos reveló algunos de los secretos detrás de una foto perfecta.

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La pregunta es ineludible“¿puedo sacar buenas fotografías de mis platos sin la ayuda de un profesional?”La respuesta es inobjetable“Por más calidad que tenga la cámara de tu teléfono celular, si no sabés cómo angular, cómo iluminar ni cómo ordenar los elementos dentro del cuadro, el resultado será una foto mediocre”. Y…sí. Hay algo de cierto en esta afirmación. “Aunque yo disponga de los mejores utensilios, tampoco podré cocinar mejor que el chef”. La analogía es tan certera que duele.

“En gastronomía, el fotógrafo profesional tiene que mantener una relación muy aceitada con el chef y con el ecónomo. Siempre se trata de un trabajo en equipo”, explica Caio. El “ecónomo” es la persona que se encarga del tratamiento visual de la puesta. Como una suerte de “estilista culinario”, su objetivo principal es el de cuidar la estética de los productos durante toda la sesión. Por ello, su tarea exige ciertos conocimientos de química de los alimentos, ya que los mismos tienen que afrontar condiciones adversas durante largas horas: los helados se derriten, las salsas se enfrían, las bebidas se calientan, etc.

Tratar de sistematizar las reglas de la fotografía culinaria, entonces, no resulta una tarea tan sencilla. Sin embargo, a modo de juego, Caio propone contrastar una fotografía correcta con una fotografía desprolija para sacar a la luz algunas diferencias elementales. De este modo, la comparación nos permite delinear los “SÍ” y los “NO” de la fotografía culinaria:

¡SÍ!

Esta foto es el resultado del trabajo en conjunto entre el fotógrafo, el chef y el ecónomo. La misma fue tomada en una cocina especialmente acondicionada para la ocasión.

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Iluminación: Obviamente, esto dependerá de los elementos que se vayan a fotografiar. En este caso, se optó por una luz cenital a fin de proyectar una sombra que genere un poco de volumen. Como el fondo es blanco y la vajilla también, esto impide que la imagen se vea completamente plana.

Angulación: Si se pretende mostrar los alimentos de manera volumétrica no es conveniente realizar tomas cenitales (¡no es lo mismo fotografiar un plato de sopa que una lasaña!). En este caso, para evitar un plano chato, se apeló a un ángulo oblicuo.

Composición: Aquí entra en juego el rol del “ecónomo” quien tratará de disponer armoniosamente todos los elementos dentro del cuadro. En este ejemplo, cada uno de los ingredientes fue colocado milimétricamente en función de resaltar sus cualidades principales.

¡No!

Este es el ejemplo típico de las fotos casuales que abundan en las redes sociales. No está nada mal si se trata de un momento que queremos compartir con nuestros amigos. Sin embargo, por obvias razones, una imagen como esta jamás debería alcanzar a los clientes.

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Iluminación: Aquí no se tuvo en cuenta ningún tipo de criterio lumínico con lo cual se pueden evidenciar algunos contrastes indeseados.

Angulación: En este caso, a diferencia del ejemplo anterior, sí se podría haber optado por una toma cenital ya que el plato no cuenta con la altura suficiente que justifique una toma de frente.

Composición: Aquí nos encontramos con el error más grave. El limón está exprimido, el pan tiene un mordisco, los cubiertos no pertenecen al mismo juego y el cuchillo está sucio. La foto es un verdadero caos y no hace falta ser un “ecónomo” para darse cuenta de ello.

¿Qué balance hacen de sus propias redes sociales? ¿Sus fotos están más cerca de los “SÍ” o de los “NO”? Una revisión (¡y corrección!) de la imagen de su negocio, nunca está demás.


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Caio Goldin

Caio Goldin cuenta con más de 40 años de experiencia como fotógrafo. A lo largo de su carrera, se desempeñó como subjefe del departamento fotográfico de la Editorial Perfil; fundó el banco de imágenes "Latinstock" y realizó múltiples trabajos para medios internacionales tales como Time, Money, Business Week y Esquire. En el año 2004 publicó "El Libro del Malbec Argentino" , un libro fotográfico sobre el emblemático vino tinto de la Argentina.