08/03/2025Lectura: 3min
Las recetas de una abuela, el deseo de compartir sabores que evocan recuerdos y el impulso de transformar una idea en algo propio. Así nació Casa Pina, una cafetería que no solo ofrece café y pastelería, sino que invita a quienes la visitan a sentirse, por un momento, en “la casa de la abuela”.
Ubicada en Buenos Aires, Casa Pina lleva el nombre de la abuela de Meli, una figura central en su historia personal. Fue ella quien marcó su infancia con recetas caseras, momentos compartidos y una forma de vivir la cocina que hoy sigue presente en cada detalle del proyecto.
“Me crié con mi abuela, con sus recetas, con sus pizelles. Poder mostrarle al cliente las cosas con las que crecí me pone muy contenta”, cuenta Meli.
Esa memoria no se quedó en el pasado: se transformó en identidad. Casa Pina funciona como un homenaje constante, donde la cocina casera, los sabores simples y la calidez del espacio construyen una experiencia que va más allá de lo gastronómico.
Aunque Pina ya no está, su legado sigue presente en cada receta y en la esencia del lugar. Las pizelles —uno de los clásicos del menú— no son solo un producto: son una forma de mantener viva esa historia y compartirla con otros.
Esa conexión emocional también se refleja en quienes visitan el local. Muchos clientes se sienten identificados con la propuesta y aportan sus propios recuerdos, llevando objetos familiares que se integran a la decoración y refuerzan esa sensación de hogar compartido.
.jpeg?width=409&height=605&name=WhatsApp%20Image%202026-04-21%20at%2013.53.52%20(2).jpeg)
Casa Pina no nació de un plan perfecto, sino de una necesidad más íntima: la de recuperar algo propio y darle forma.
El proyecto comenzó como una idea en el exterior y tomó fuerza cuando Meli decidió volver a Argentina. A partir de ahí, el desafío fue transformar ese recuerdo en un espacio concreto, donde cada decisión —desde la carta hasta la ambientación— reflejara ese origen.
El resultado es una cafetería con identidad clara, donde todo está pensado para generar cercanía: la atención, los sabores y el ambiente construyen una experiencia coherente y auténtica.

Casa Pina no busca ser solo un lugar para tomar café. Su propuesta está en lo que genera.
Hay algo en el espacio, en los objetos, en las recetas, que conecta con quienes entran. No es casual: está construido desde la memoria y desde lo emocional. Cada detalle remite a momentos compartidos, a sobremesas largas, a recetas hechas en casa.
Ese enfoque convierte la visita en algo más que un consumo: es una experiencia que despierta recuerdos propios.
.jpeg?width=409&height=609&name=WhatsApp%20Image%202026-04-21%20at%2013.53.47%20(1).jpeg)
Emprender en gastronomía no es fácil. Requiere tiempo, inversión y una gran capacidad de adaptación. Pero también implica tomar decisiones desde lo personal.
Para Meli, el aprendizaje es claro: hacer algo con sentido propio es lo que sostiene el proyecto en el tiempo. “Les diría a otras mujeres que hagan lo que sienten y lo que les gusta. Sí, es difícil, es una inversión, es estrés, pero vale la pena”.
Casa Pina es, en esencia, eso: un proyecto construido desde la emoción, la memoria y la decisión de compartir algo propio. Un lugar donde el café es una excusa, pero la experiencia es lo que realmente queda.
Lectura: 4min FUDO
En Buenos Aires existen muchos bares de vinos, pero pocos logran construir una identidad tan clara como Naranjo.
31/03/2026
Lectura: 3min FUDO
En gastronomía, el ritmo del servicio lo define todo. Un pedido que tarda en salir, una cuenta que se demora o un error en el cierre de caja pueden afectar la experiencia del ...
19/03/2026
Lectura: 5min FUDO
Todo comenzó con una conversación en una plaza. Dos amigos —Sebastián y Agustina— una idea y una inspiración poco habitual para un proyecto gastronómico: un arquitecto.
12/03/2026